Las elecciones a los consejos escolares de centros vuelven a poner a prueba la implicación de las familias La implantación de una cultura participativa solo está comenzando.

No sucede solo en Canarias, pero no por eso deja de ser preocupante. La participación de los padres en las elecciones a los consejos escolares de los centros ofrece, convocatoria tras convocatoria, cifras menos que pobres. En 2012 la afluencia de las familias a las urnas no llegó al 10%, mientras que dos años antes se había situado en el 15%. ¿Qué ocurrirá en los próximos comicios, previstos para los primeros días de noviembre?

El Consejo Escolar de Canarias (CEC), órgano que articula la intervención de los distintos sectores de la comunidad educativa en el sistema, ha llegado a definir la situación como una “crisis de participación”, cuyos motivos son tan variados como difíciles de concretar y que no parece tener una solución a corto plazo.

“La votación en las elecciones es solo un indicador de la participación de las familias, que va mucho más allá de eso, pero es verdad que es una señal de que luego los padres pueden continuar con ese interés”, opina la presidenta del CEC, María Dolores Berriel. Es importante, añade, que “al menos se acerquen a votar, que conozcan a sus representantes y reivindiquen lo que crean importante”. El abstencionismo de los padres y tutores legales se corresponde con otro problema: las dificultades para cubrir las candidaturas en este sector, como reconoce la propia presidenta del Consejo Escolar.

En cuanto a las causas, Berriel apunta a las de tipo cultural. “No hay una sociedad participativa; de hecho, comienza a abrirse ahora. La historia y la cultura pesan”, comenta. Si a eso se añaden los efectos de la crisis económica y que las familias “están más preocupadas por su subsistencia”, la falta de interés de los padres de alumnos por estos procesos electorales resulta más fácil de entender.

El CEC elaboró hace unos años un informe sobre este asunto en el que incluyó algunas propuestas de mejora. La utilización de “urnas itinerantes” y de las nuevas tecnologías de la comunicación para salvar los escollos que plantean la orografía y la distancia era una de ellas. Otra consistía en celebrar las votaciones en fechas en que las familias suelen acudir al centro.

Esta última sugerencia ha sido atendida por la Consejería de Educación del Gobierno regional. Ya que no es posible que los comicios coincidan con la entrega de notas, la Administración ha recomendado a los centros que se convoque a los padres para visitas y reuniones en esos días.

Por parte de los aludidos, Eusebio Dorta -presidente de la Federación Insular de Tenerife de Asociaciones de Padres de Alumnos (Fitapa)- sostiene que “las familias nunca se han sentido del todo integradas en los centros”, pero defiende su implicación pese a lo que indiquen los datos electorales. “Los padres siempre estamos ahí cuando hay un problema”, dice.

También reivindica Dorta que las federaciones de Ampas se involucran a fondo para promover la participación en los comicios. Antes de las votaciones se celebran varias reuniones y después de ellas tiene lugar otra en la que se informa a los recién elegidos sobre cómo actuar en el seno de los consejos.

El presidente de Fitapa aporta otra explicación a la escasa concurrencia de este sector a las urnas. “Los consejos se suelen reunir durante los recreos y en horas que no convienen a las familias. Además, los representantes de los padres están en minoría y muchas veces sus propuestas quedan en saco roto”, argumenta. A su juicio, el resto de sectores de la comunidad escolar debe esforzarse por hacer sentir a las familias que “son un miembro más”.

La Consejería de Educación ha emprendido una campaña entre el alumnado para fomentar el voto y está desarrollando “un trabajo de sensibilización con las Ampas para intentar movilizarlas”, explica la directora general de Ordenación, Innovación y Promoción Educativa, Georgina Molina. Esta labor se dirige sobre todo a la Secundaria, donde los niveles de participación son más bajos.

“Es muy complicado -advierte Molina-, porque las familias tienen asumido que la participación se limita a llevar al niño al colegio o a ir a recoger las notas, y eso desincentiva a quien quiere participar, porque se siente solo y sin el respaldo de los demás. Cambiar esa cultura lleva tiempo”, indica.

Los consejos escolares se enfrentan este año a la rebaja de sus competencias que contempla la recientemente implantada Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa (Lomce), que restringe su papel al meramente consultivo. Según la directora general, eso puede retraer aún más a las familias. “Es un palo”, admite.

Sin embargo, Molina recuerda que la Ley Canaria de Educación -que también se pone en marcha este curso- contiene disposiciones que mantienen en parte el carácter decisorios de los consejos. “Pueden presentar proyectos, decidir sobre ellos, elegir a los directores…”. Los próximos desarrollos reglamentarios de la norma autonómico potenciarán aún más estas atribuciones del que sigue siendo el órgano que más garantiza que la voz de los padres se escuche en los centros.

Fuente: ELDIA.ES